Después de todos estos años recopilando recetas y asistiendo a talleres de cocina, sin duda, puedo confirmar que no hay sopa de miso igual. La sopa de miso fue una de las primeras recetas que aprendí cuando empecé a practicar la cocina macrobiótica allá por el año 2009 en un intento de mejorar mis digestiones. Me acostumbré a tomar sopa de miso cada mañana antes de irme a trabajar y no te voy a negar que al principio no me sentía rara, tanto por el hecho de empezar mi día con una sopa como porque aquello que me cocinaba no me resultaba muy atractivo.

Pilar Lloret ©

Yo no era una persona que estuviera acostumbrada a ir a restaurantes japoneses, no había oído en mi vida hablar del miso y era bastante reacia a probar cosas nuevas, pero había leído un artículo de Michio Kushi, que fue toda una revelación, era como si aquel artículo estuviera escrito sólo para mi, para decirme que sí, que había otras formas de vivir la vida, de sentirla y que a través de la alimentación podía llegar hasta esa ansiada calma mental y equilibrio físico y emocional.

Así que, como todo lo que suelo hacer en la vida, de un día para otro cambié radicalmente mi alimentación, cosa que ya puedo decir de primera mano, que no siempre funciona y resulta adecuado. Pero cuando algo se me mete en la cabeza…

Sigo con la sopa, como estaba muy decidida a seguir experimentando con la cocina macrobiótica, el siguiente paso fue apuntarme rápidamente a un curso de cocina y para ello me fuí a Valencia, en tan solo un taller de dos horas y media aprendí hacer una riquísima sopa de miso, la clave para un arroz integral bien cocinado y las socorridas cremas de cereales. Y con esto mi vida cambió, empezó a gustarme todo lo que cocinaba y la inapetencia del principio incluso la angustiosa hora de comer se convirtió en toda una delicia, no solo por el descubrimiento de los nuevos sabores sino por lo tranquilito que se quedaba mi sistema digestivo.

He elegido esta receta para mi primer post, no solo porque así empezó todo, empezó un cambio de alimentación, un cambio en mi percepción de las cosas e incluso posteriormente un profundo cambio en mi vida, sino también, porque la sopa de miso más que una receta es un remedio, al principio la tomaba muchísimo, ahora siento que ya no la necesito tanto, pero no obstante es un clásico y un básico en mi cocina y espero que a partir de ahora también en la tuya.

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Tanto si te quieres iniciar en un alimentación saludable como si ya te cuidas, la sopa de miso será uno de tus grandes aliados. Y gracias a la alquimia que sucede en la cocina podremos adaptarla a nuestras necesidades, muy depurativa o más nutritiva, más dulzona para el otoño o fresquita para el verano, simplemente una sencilla sopa para cada día ó una gran receta gourmet para nuestras mejores celebraciones. Será una receta que podrá acompañarnos durante todo el año adaptando su técnica e ingredientes a cada estación.

La receta de esta sopa la aprendí en unos talleres de cocina que hice el invierno pasado en el restaurante Miquetes Mágiques, un pequeño y coqueto restaurante macrobiótico de Barcelona, el cual te sugiero que no te pierdas si te gusta comer bien y visitas Barcelona. Beatriu la dueña y cocinera del restaurante, suele impartir cursos de cocina los jueves por la tarde-noche, a un precio muy asequible, el ambiente es muy intimo y amigable ya que la cocina es pequeña y reúne a pocas personas, que atentas a sus explicaciones vamos ayudando en el corte y cocinando los platos, observando sin perder detalle su cuidado en la preparación, el tomillo al fuego, el reloj marcando los tiempos, los olores de los cereales, porotos y verduras a fuego lento, el tostado del gomasio, los misos, el shoyu, uhmm…, como si de una autentica cocina japonesa se tratara, la presencia, la intención y la atención en cada detalle se transmite a cada plato.

Pilar Lloret ©

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UNA RICA SOPA DE MISO

Cantidad: 4 personas

Ingredientes:

2 cs de aceite de oliva

1 cebolla seca mediana

1 trozo de 10 cm. de longitud de alga wakame

1 zanahoria

1 nabo pequeño

1 rama de apio

1 hoja de col

10 cm. de un puerro

3 champiñones

2 cs de mugí miso

1 litro de agua de manantial o mineral

unas hojas de albahaca fresca

½ limón

Instrucciones:

1.- Ponemos a remojo unos minutos el alga wakame con 250 ml. de agua mineral, mientras empezamos a preparar las verduras.

2.- Lavamos bien las verduras, pelamos si es necesario ó no son ecológicas, escurrimos y empezamos a cortar.

3.- Como la sopa de miso no es una sopa que requiera cocciones largas vamos a intentar cortar las verduras muy finitas, las láminas de cebolla, zanahoria y nabo deben ser casi transparentes.

La cebolla se cortará a medias lunas, si la zanahoria no es muy ancha la cortaremos en rodajas, siempre cortando en diagonal para que las rodajas salgan mas o menos del mismo tamaño y como los nabos suelen ser mas anchos, primero lo cortaremos por la mitad longitudinalmente y después en rodajas muy finitas. Con el apio y el nabo, primero separaremos la parte mas gruesa de las hojas, en la col será ese nervio central que la divide en dos y en el apio, las hojas del tronco. Lo cortaremos todo muy finito, siempre manteniendo por un lado los troncos y por otro el corte de las hojas, ya que tienen cocciones distintas. El champiñón y el puerro lo dejaremos para el final.

3.- En una cazo pequeño llevamos a hervir lentamente el alga wakame con su agua de remojo mientras, empezamos a pochar la cebolla.

4.- Para pochar bien la cebolla, primero pondremos a calentar el aceite de oliva en una cacerola mediana y enseguida añadiremos la cebolla. Dejaremos que la cebolla se vaya haciendo lentamente, removiendo de vez en cuando y atentos a que no se pegue. Cuando veamos que se ha vuelto transparente la taparemos y dejaremos unos 3-4 minutos mas. En esta ocasión no ponemos sal sobre la cebolla ya que vamos a utilizar posteriormente el mugui miso.

5.- Sobre la cebolla ya pochada, pondremos la zanahoria, el nabo, los troncos de apio y de col que tenemos ya cortados, así como el alga con su agua y el resto de agua. Con tan solo diez minutos de cocción habrá suficiente ya que está todo cortado muy finito. Debe hervir a fuego lento y tapado. Pasados diez minutos echaremos las hojas de col y del apio y dejaremos hervir 3 min. mas.

6.- Retiramos del fuego y añadimos el miso cuando el caldo esté aun bien caliente pero haya dejado de hervir.

7.- Cortamos el puerro y los champiñones a medias lunas muy finas, y lo echamos en crudo.

8.- Corta limón y unas cuantas hojas de albahaca frescas y preséntalo en la mesa en pequeños boles para que cada comensal pueda terminar de condimentar su sopa de miso.

Notas:

Es una sopa nutritiva, reconfortante y remineralizante para los días de otoño e invierno. Ideal para iniciar un buen desayuno o comida, ya que nos abrirá el apetito y ayudará en la digestión por su aporte enzimático.

Consejo:

Dado que el miso energéticamente nos activa es mejor no tomarlo por la noche.

En la macrobiótica es muy importante “la polaridad” que traducido a la cocina significa darle movimiento a un plato, por lo que si cocinamos un plato muy yang, como es la sopa de miso, lo polarizamos con algo yin, como es el perejil, una rodajita finita de limón, cebollino o en este caso el puerro y el champiñón. Nunca te olvides de estos pequeños detalles.

Sabias que…

La búsqueda del equilibrio a través de las energías yin y yang, es la base de la filosofía macrobiótica. En la forma de cocinar un ingrediente, en el conjunto del plato, en el corte de una verdura, y cada paso que se realiza va encaminado a ello. Cocinar con esta consciencia requiere de toda tu presencia y actitud, un auténtico trabajo del aquí y el ahora, al servicio de tu salud.

Es por esto que cuando una verdura es yin y la queremos hacer mas yang diremos que la estamos yanguizando y por el contrario si una verdura es yang y queremos hacerla mas yin diremos que la estamos yinizando.

¿Te animas a cocinarla? Espero que me lo cuentes mas abajo…

Pilar Ll.